jueves, 13 de agosto de 2015

AGENTES DE PASTORAL PENITENCIARIA DE PERÚ VISITAN BRIEVA

El pasado lunes, 3 de agosto de 2015, tres agentes de Pastoral Penitenciaria de la diócesis del Callao en Lima, Perú, visitaron el Centro Penitenciario de Brieva para conocer las instalaciones y mantener una charla con las internas del centro.

Las tres agentes, con su responsable a la cabeza, la hermana española Mercedes López "Meche", pudieron dialogar con un grupo de internas en la biblioteca del centro. Las otras dos integrantes de la pastoral son: María Jesús Barbadillo, educadora social; y María Esther Aguilar, maestra jubilada, ambas peruanas. 



Al estilo de una mesa redonda las tres nos contaron su ser y hacer en la Pastoral Penitenciaria de la diócesis del Callao, que ellas prefieren llamar "Pastoral de la Esperanza", por lo que pretenden aportar a cada persona que atienden. 

Fue un regalo poder escuchar su testimonio. Las internas quedaron muy sorprendidas de las tareas que allá realizan. Esperamos poder construir puentes de colaboración con nuestros hermanos encarcelados de Perú. A continuación resumimos la charla: 

Corría el año de 1981 cuando Monseñor Durand invitó a la hermana Mercedes López a trabajar en la labor social en el Callao. Ahora casi 34 años después la vida carcelaria en el Callao cambió para siempre.
La Pastoral de la Esperanza (Penitenciaria) está compuesta por 28 voluntarios, unidos por una misma vocación de servicio para ayudar a los reos del Penal “Sarita Colonia” del Callao y el Penal de “Piedras Gordas II” en Ancón.



Los voluntarios provienen de los diferentes movimientos parroquiales de Lima y Callao como la Renovación Carismática, la Legión de María, Juan XXII, Familia Trinitaria, Religiosas Franciscanas, Camino Neocatecumenal, Misiones de la Caridad de la Madre Teresa de Calcuta, Congregación de las Siervas de San José y Comunidad de la Bienaventuranzas.

Actualmente se cuenta con un Plan de formación anual para los voluntarios pastorales, a través de cursos, seminarios, retiros y las reuniones mensuales de evaluación y programación de las actividades.
Por otro lado, lo más importante es enseñarles a los presos que Dios no abandona. Por ello, desde el año 98 se construyó la Capilla donde se realizan las celebraciones eucarísticas cada viernes. Además, durante todo el año se llevan a cabo las fiestas religiosas, en especial, la Semana Santa.

Los internos, por su parte no olvidan a sus santos, por ello le realizan homenajes a la Virgen del Carmen, el Señor del Mar, el Señor de los Milagros y a la Virgen de Guadalupe.

Otros aspectos a tener en cuenta son las actividades que promueven la interacción entre los presos como concursos, actividades culturales y deportivas. Dentro de esas actividades están incluidas la celebración del Día del Padre, Navidad, etc.



Todo lo escrito líneas arriba se refiere al trabajo social de la Pastoral de la Esperanza en el Penal “Sarita Colonia”, pero aquella va más allá. Desde hace tres años, un grupo de voluntarios prestan sus servicios en el penal Ancón II apoyando al modulo IV de internos extranjeros, dos veces al mes en la formación espiritual y apoyo social.

La Pastoral no solo vela por los presos en su estancia en la cárcel. Cuando un reo extranjero sale y no sabe qué hacer, tiene la oportunidad de llegar a la Casa de Acogida, ésta alberga principalmente a extranjeros dada la situación especial en la que viven al no estar en su país y no contar con su familiar.
Para financiarse, la Pastoral de la Esperanza cuenta desde hace cinco años con dos kioscos en los colegios Jesús Maestro y Virgen la Esperanza.

Los presos si bien han cometido faltas muy graves, se merecen una oportunidad porque, como dice el Papa Francisco, “Todos somos iguales ante el Padre”. Esta oportunidad te da la Pastoral de la Esperanza.







TEXTO ÍNTEGRO DE LA VISITA DEL PAPA AL PENAL DE PALMASOLA, BOLIVIA



El viernes 10 de julio de 2015 el Papa Francisco visitó el Centro de Rehabilitación Santa Cruz-Palmasola, la cárcel más peligrosa de Bolivia, donde escuchó los testimonios de tres presos y dirigió un discurso en el que transmitió la cercanía de la Iglesia y los alentó a mirar el rostro crucificado de Jesús cuando se sientan desalentados. Además pidió a las autoridades penitenciarias "dejar una lógica de buenos y malos para pasar a una lógica centrada en ayudar a la persona". 

A continuación el texto completo. Las cursivas corresponden a las partes en que el Papa improvisó en su discurso:
Queridos hermanos y hermanas, buenos días:
No podía dejar Bolivia sin venir a verlos, sin dejar de compartir la fe y la esperanza que nace del amor entregado en la cruz. Gracias por recibirme.

En las palabras de Mons. Jesús Juárez (mientras no se me vuele la cabeza no hay problema) y en el testimonio de quienes han intervenido, he podido comprobar cómo el dolor no es capaz de apagar la esperanza en lo más profundo del corazón, y que la vida sigue brotando con fuerza en circunstancias adversas.



¿Quién está ante ustedes? Podrían preguntarse. Me gustaría responderles la pregunta con una certeza de mi vida, con una certeza que me ha marcado para siempre. El que está ante ustedes es un hombre perdonado. Un hombre que fue y es salvado de sus muchos pecados. Y así es como me presento. No tengo mucho más para darles u ofrecerles, pero lo que tengo y lo que amo, sí quiero dárselos, sí quiero compartirlo: es Jesús, Jesucristo, la misericordia del Padre que vino a mostrarnos, a hacer visible el amor que Dios tiene por nosotros. Por vos, por vos, por vos, por mí. Un amor activo, real. Un amor que tomó en serio la realidad de los suyos. Un amor que sana, perdona, levanta, cura. Un amor que se acerca y devuelve  dignidad. Una dignidad que la podemos perder de muchas maneras y formas. Pero Jesús es un empecinado de esto: dio su vida por esto, para  devolvernos la identidad perdida, para revestirnos con toda su fuerza de dignidad.
Me viene a la memoria, una experiencia que nos puede ayudar, Pedro y Pablo, discípulos de Jesús también estuvieron presos. También fueron privados de la libertad. En esta circunstancia hubo algo que los sostuvo, algo que nos los dejó caer en la desesperación, que no los dejó caer en la oscuridad que puede brotar del sin sentido. Fue la oración, fue orar. Oración personal y comunitaria. Ellos rezaron y por ellos rezaban. Dos movimientos, dos acciones que generan entre sí una red que sostiene la vida y la esperanza. Nos sostiene de la desesperanza y nos estimula a seguir caminando. Una red que va sosteniendo la vida, la de ustedes y la de sus familias. Tú hablabas de tu madre, La oración de las madres, la oración de las esposas, la oración de los hijos, eso es una red que va llevando adelante la vida.


Porque cuando Jesús entra en la vida, uno no queda detenido en su pasado sino que comienza a mirar el presente de otra manera, con otra esperanza. Uno comienza a mirar con otros ojos su propia persona, su propia realidad. No queda anclado en lo que sucedió, sino que es capaz de llorar y encontrar ahí la fuerza para volver a empezar. Y si en algún momentos estamos tristes, mal, bajoneados, los invito a mirar el rostro de Jesús crucificado.

En su mirada, todos podemos encontrar espacio. Todos podemos poner junto a Él nuestras heridas, nuestros dolores, así como también nuestros pecados, tantas cosas en las que nos podemos haber equivocado. En sus llagas, encuentran lugar nuestras llagas. Para ser curadas, lavadas, transformadas, resucitadas. El murió por vos, por mí, para darnos su mano y levantarnos. Charlen, charlen  con los curas que vienen, charlen. con las hermanas que vienen, charlen con los que vienen a hablarles de Jesús... Jesús quiere levantarnos siempre.


Esta certeza nos moviliza a trabajar por nuestra dignidad. Reclusión no es lo mismo que exclusión, que quede claro, porque la reclusión forma parte de un proceso de reinserción en la sociedad. Son muchos los elementos que juegan en su contra en este lugar –lo sé bien– y vos mencionaste con mucha claridad: el hacinamiento, la lentitud de la justicia, la falta de terapias ocupacionales y de políticas de rehabilitación, la violencia, la carencia de facilidades  estudios universitarios, lo cual hace necesaria una rápida y eficaz alianza interinstitucional para encontrar respuestas.
Sin embargo, mientras se lucha por eso no podemos dar todo por perdido. Hay cosas que hoy ya podemos hacer.

Aquí, en este Centro de Rehabilitación, la convivencia depende en parte de ustedes. El sufrimiento y la privación pueden volver nuestro corazón egoísta y dar lugar a enfrentamientos, pero también tenemos la capacidad de convertirlo en ocasión de auténtica fraternidad. Ayúdense entre ustedes. No tengan miedo a ayudarse entre ustedes. El demonio busca la pelea, busca la rivalidad, la división, los bandos, no le hagan el juego. Luchen por salir adelante unidos.

Me gustaría pedirles que lleven mi saludo a sus familias, algunos están aquí. ¡Es tan importante su presencia y su ayuda! Los abuelos, el padre, la madre, los hermanos, la pareja, los hijos. Nos recuerdan que merece la pena vivir y luchar por un mundo mejor.

Por último, una palabra de aliento a todos los que trabajan en este Centro: a sus dirigentes, a los agentes de la Policía penitenciaria, a todo el personal. Ustedes cumplen un servicio público y fundamental. Tienen una importante tarea en este proceso de reinserción. Tarea de levantar y no rebajar; de dignificar y no humillar; de animar y no afligir. Este proceso que pide dejar una lógica de buenos y malos para pasar a una lógica centrada en ayudar a la persona. Y esta lógica de ayudar a las personas los va a salvar a ustedes de todo tipo de corrupción y mejorará las condiciones para todos. Ya que un proceso así vivido nos dignifica, anima y nos levanta a todos.

Antes de darles la bendición me gustaría que rezáramos un rato en silencio, en silencio cada uno desde su corazón  Cada uno como sepa hacerlo.

Por favor, les pido que sigan rezando por mí, porque yo también tengo mis errores y debo hacer penitencia. Muchas gracias. Y Que Dios nuestro Padre mire nuestro corazón, que Dios nuestro Padre que nos quiere nos de su fuerza. Su paciencia, su ternura de Padre, nos bendiga, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.   Y no se olviden de rezar por mí. 


(Mensaje del Papa en la cárcel, 13 minutos)
www.youtube.com/watch?v=5k6jgq1OHAI

jueves, 2 de julio de 2015

ENTREVISTA A JOSÉ SESMA, SACERDOTE MERCEDARIO, RESPONSABLE DE LA PASTORAL PENITENCIARIA A NIVEL NACIONAL

Reproducimos la última entrevista concedida por José Sesma León, sacerdote mercedario, responsable del departamento de Pastoral Penitenciaria de la Conferencia Episcopal Española, por su interés y actualidad:

"Nunca me sentí cuidador de pájaros en jaulas, yo atiendo a personas"
 


"Estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y acudisteis a mí", se puede leer en el Evangelio de San Mateo. La Iglesia Católica, a lo largo de su historia, siempre ha visto en los presos uno de los colectivos más indefensos de la sociedad, y para ello ha procurado ayudarles en todas sus necesidades espirituales y materiales. El religioso mercedario José Sesma dirige, desde el año 1992, la Pastoral Penitenciaria de la Conferencia Episcopal Española (CEE) y ha sido durante más de 25 años capellán penitenciario.

El sacerdote conoce de primera mano las cárceles españolas y ha contado a Mirada21 cómo es la labor que realiza la Iglesia en el acompañamiento y acogida de los reclusos, tanto dentro de la cárcel como en el ámbito de prevención y reinserción en la sociedad. Una tarea que sería imposible si no fuera gracias al trabajo desinteresado de los 147 capellanes, 3.129 voluntarios y 759 parroquias e instituciones colaboradoras que hay en estos momentos en España.

¿Cómo nace la preocupación de la Iglesia por los presos?
Ya en el año 325, en el primer Concilio de Nicea, se intenta organizar esta pastoral, y se determina elegir a hombres y mujeres, preparados en doctrina, para que atiendan a los presos en sus necesidades materiales y espirituales. Si se coge el libro de los Hechos de los Apóstoles, se puede ver cómo la comunidad cristiana se preocupaba por la prisión de Pedro y Pablo y lloraban por ellos.

¿Cuál es el espíritu de la Pastoral Penitenciaria que dirige?
La Pastoral Penitenciaria es atender al mismo Cristo en el hombre y mujer que son presos. Esta es la razón por la que no solo es un mero humanitarismo, sino un humanitarismo enraizado profundamente en Cristo. Todo cristiano es discípulo de un preso. Cristo fue un preso que lo sacaron de Herodes a Pilatos para hacer diligencias. A Él se le juzgó, se le condenó, y se le ejecutó. Somos discípulos de uno que fue preso.

¿Cuál es la labor de una capellanía penitenciaria?
Las capellanías son una comunidad cristiana que vive en un centro penitenciario. Su misión no es otra que atender a los cristianos que, por la razón que sea, están privados de libertad. Puede ser que la capellanía no tenga sacerdotes, y si es un laico el que la dirige, nombrado por el obispo del lugar, tiene que buscar a un sacerdote para que celebre la Eucaristía y los sacramentos. También se ocupa de la enseñanza religiosa y de coordinar a los voluntarios que, gratuitamente, prestan un servicio. La evangelización también es un aspecto importante. Esta puede ser hasta haciendo teatro, con el vocabulario que uno emplee, con las obras que represente o con la relación que haya entre los miembros. Cuando era capellán siempre procuraba acompañar en los juicios a todos los presos que podía, para que se sintieran acompañados, que vieran a alguien que los conocía, apreciaba y valoraba. Es bueno remarcar que es una pastoral misionera. Según vives y te relacionas estás demostrando algo. Yo les pido a las capellanías que animen a los desanimados, que alegren a los tristes y que sean compañeros de aquellos que no tienen ninguna compañía. Nunca me sentí cuidador de pájaros en jaulas, yo atiendo a personas.

¿La Pastoral Penitenciaria va más allá de la cárcel?
Esta pastoral también es preventiva y de reinserción. La Iglesia trabaja en familias de riesgo, sobre todo con niños. Sabemos que un hijo de preso puede terminar siendo preso. También se procura cuidar la relación del preso con la familia, porque hay mucho riesgo de rupturas en la cárcel. Me parece una ley muy adecuada que los presos estén cerca del entorno familiar. Por último, es importante que no haya desintegración de su comunidad parroquial. Sus párrocos los visitan y así les suben la autoestima y sirven de puente con su familia.

¿Hay servicio religioso de confesiones distintas a la católica en las cárceles?
Los evangélicos y los católicos son atendidos, pero en la cárcel te encuentras ateos, agnósticos, musulmanes, budistas… Cuando estaba en Barcelona procuré que los imanes fueran a las cárceles. Recuerdo a un libanés, hijo de un imán, que venía siempre a misa muy piadoso. Él me decía: "Mire padre, vengo porque es el único momento que encuentro para poder orar". Un domingo le vi excesivamente piadoso, le habían juzgado y ya había sentencia. Le pregunté que qué le pasaba y me dijo que se iba a suicidar. Le dije que para qué había venido a España y me contó que para estudiar pero que le habían condenado a nueve años de cárcel por drogas. Intenté que comprendiera que si había venido para estudiar y pagarse un colegio mayor, que ya lo tenía. Que se replanteara la vida para ese tiempo que iba a estar en la cárcel y pudiera lograr, de otro modo, aquellos objetivos que se había fijado. Al final se casó y fue ingeniero industrial.

El porcentaje de reclusos que van a misa, ¿es mayor que el de la población que lo hace fuera de prisión?
El que es cristiano con práctica religiosa en la calle también lo es en la cárcel. Pero también hay otros que se acercan. En la cárcel hay bautizos, primeras comuniones y confirmaciones. Una primera comunión en la cárcel es algo impresionante, ver a un adulto comulgar cuando en su familia nunca se habían preocupado de eso. Que no estén ni sus propios hijos, o su esposa, hacen que la emotividad sea más fuerte.

¿Cree que los famosos tienen un trato diferenciado en la cárcel?
Yo no me he encontrado nada de eso. Lo que supone de humillación para una persona el cacheo integral, al entrar en la cárcel, es igual para todos. Esto es como la circulación, hay que saber moverse y tratar a la gente. Si yo trato bien a un funcionario, la respuesta no va a ser la misma que si le trato mal. En una ocasión, la mujer de una persona que tuvo mucho eco en la sociedad española y que cayó preso me decía que cuando fue a visitar a su marido los fotógrafos la descubrieron, y una gitana se dio cuenta, cogió su mantón y se lo lanzó para que se tapara la cara. La cárcel es un mundo tremendamente humano.

El componente de culpabilidad de los presos ¿los hace el colectivo más estigmatizado de la sociedad?
Durante siglos hemos identificado delitos con pecados. Hay delitos que no son pecado y hay pecados, como el aborto, que no son delito. ¿Los presos son perversos que hay que convertir? ¿O son tan pecadores como los que están en la calle? Una vez le dije a un obispo: "Todavía no he visto a nadie que por pecados le hayan llevado a la cárcel. Los llevan por delitos". Yo me he encontrado en la cárcel con personas santas, heroicas, y también con grandes pecadores. Madres que asumen delitos de sangre, cometidos por sus hijos, para dejarlos limpios. Una chica embarazada me dijo: "Vengo a decirle lo que no puedo decirle a nadie, que estoy muy contenta de que me hayan detenido porque así mi hijo nacerá en condiciones". Una vez también me contaron que a un maestro sudamericano iban a deportarlo, y en la Plaza de Cataluña de Barcelona cogió a una señora que llevaba un collar y le dijo que gritara fuerte para que lo detuvieran. Es cierto que también los hay profesionales, como aquel que me dijo: "Padre usted conmigo no pierda el tiempo. Yo soy profesional de esto". Es triste, pero con esto quiero decir que nunca se puede juzgar a una persona por el mero hecho de estar en la cárcel.

Decía el Papa Juan Pablo II que "no hay peor cárcel que un corazón cerrado". ¿La libertad depende del lugar físico en el que uno se encuentre?
Un detalle hermoso que siempre he visto en este campo de la pastoral es que lo religioso es lo que propicia mayores ámbitos de libertad en la cárcel. Muchas veces me decían los presos que para qué les invitaba a misa si no iban a ir. Yo les contestaba que para que pudieran ser libres de ir o no ir. Lo religioso ayuda a los presos a ser libres en sus decisiones, a crecer en una libertad interior, y a prepararse seriamente para cuando se les conceda la libertad.

¿Qué supuso el gesto del Papa Francisco de lavar los pies, el día de Jueves Santo, a 12 reclusos?
El Papa lavó los pies a varones, mujeres, cristianos, musulmanes... Mi pregunta es, ¿esas personas que ven al Papa, con todo lo que mundialmente significa, arrodillarse ante ellos y besarles los pies, no creen que eso lleva consigo un mensaje interno? Yo hasta ahora no he visto a un líder religioso que haga esas cosas. Aquello fue maravilloso, el Papa no discriminó e integró a todos en la comunidad.

¿Cómo es la situación de los niños que son hijos de presas?
Recuerdo en una cárcel de mujeres que durante el día los niños iban a la guardería, fuera de prisión, y al volver las funcionarias los recibían haciendo un pasillo como si fueran triunfadores. Es bueno que los niños sientan lo mínimo que están en la cárcel y que las madres los puedan atender lo mejor posible. El niño también tiene derechos.

¿Qué papel tiene la voz de las víctimas? ¿Los encuentros de víctimas con presos son útiles?
A la víctima nadie le puede negar el derecho a expresar su dolor. Lo que yo no sé es si con castigar al culpable es suficiente o hay que subsanar también las consecuencias que su acción provocó. La legislación debería tener en cuenta todo eso. La víctima es sagrada. Hace un tiempo vi un vídeo de uno de los grandes propulsores de la justicia restaurativa en el que se podía ver a una señora enfrente de un preso. Este último había violado a la señora, que estaba embarazada y había perdido los gemelos que esperaba. Después de conversar un tiempo, la mujer le preguntó que por qué lo había hecho y él se revolvió y acabó diciendo que era culpable y que quería restaurar su daño de la forma que pudiera. Eso es reconciliarse con la sociedad. Asumir las consecuencias te libera más que la cárcel. La cárcel te despersonaliza.